Signos

Todo hace el amor con el silencio.Me habían prometido un silencio como un fuego, una casa de silencio.
De pronto el templo es un circo y la luz un tambor.
A.Pizarnik

24.11.11

Siete minutos. Un francés. Una prosa.

Creo que quizá escribí esto inconscientemente para encontrarte   algún día .
Jesse, en Antes del Atardecer.


Estaba tirado en el pasto, mirando el cielo.  Yo me senté cerca, donde siempre en mi amada plaza Lavalle y ví que estaba sacando un cigarro de marihuana. Yo también me puse a mirar el cielo.  Me fumé medio tabaco en las nubes y a eso de unos minutos fui a pedirle una seca.  Le noté el acento extraño, le aseguré -No sos de acá!.  Me contestó en un español pausado. -No, soy de Francia (y yo pensé otra vez en ese sueño que ya soñe diez mil veces en donde me brillan los ojos viendo la Torre Eiffel.)  Me contó que era de Niza, al sur de Francia, cerca de Italia y que su ciudad era una ciudad chiquita con casas bajitas y calles pequeñas y que Buenos Aires era grande y espacioso y bello. -Sí, Buenos Aires es bello- atiné a decir.  Me contó que después iba a Mar del Plata, con una hermosa suavidad en la erre y me preguntó si era lejos. -Mas o menos -Puedo ir en bici? -Definitivamente NO!. El hablaba, me preguntó qué hacía, de dónde era, de que trabajaba, y cosas que seguro olvido porque me concentré en mirarlo de una punta a la otra. Era lindo, más que lindo. De repente dije: - Bueno, tengo que volver (el puto reloj, el puto sistema, el puto tiempo) -Sí, claro.- me dijo con su sonrisa hermosa. -Chau.  -Chau.  Me fui, con un brillo en los ojos y el vientito soplando en mi cara.  A media cuadra me voltee, el Francés se había vuelto a tirar en el pasto, a reflejar el cielo en sus ojos, o sus ojos en el cielo, que al fin y al cabo era lo mismo.



11.11.11

No sé de qué hablan cuando hablan.
Solo sé que no entiendo. Solo sé
que el viento
                     que una sombra
                                               que un recuerdo.

Y el tiempo.
                   Y el infinito.
                                      Y los sueños.



Y sus besos.  Sobre todos sus besos.


Y esta soledad que sabe a hiel.

Besos.

Me clava un beso en la espalda.
Me hinca el labio en la nuca
y me desgarra hasta el coxis
bajando lentamente por mi espina dorsal.
Me hace sentir viva
y duele.
Es la fiesta del dolor
presidida por un beso.
Es a la celebración del dolor
a la que me someto,
la que festejo,
la que espero.
Es al dolor dulce de vivir,
al que me entrego.